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Alma Rosa García: “Si me dicen ‘perra para negociar’ respondo: ¡gracias!”

11 abril, 2019

Volteen a ver la carrera meteórica de Alma Rosa García Puig, directora general de Cielito Querido Café y sus enseñanzas para liderar una empresa.

La madre de Alma, María de la Gracia Puig, siempre ha sido “una guerrillera”. No en la selva o la sierra, pero en el mundo laboral y en el hogar. Echada para adelante, pues; que avanza a punta de confrontación con la realidad. Su padre —el abuelo de Alma— fue cónsul de México en España, país que abandonó tras la llegada de Franco al poder. Provenía pues de una familia acomodada y conservadora en la que se dictaba que el lugar de una mujer estaba en el hogar. Y del hogar escapó la mamá de Alma para estudiar, para echarse al bolso la carrera de negocios, para arrancar su carrera en los talleres de la Volkswagen y llegar a ser directora de finanzas de la armadora.

En cambio, Luis Teodoro García, el padre, tiene un origen humilde. Pudo haber sido profesor de escuela u obrero, pero decidió ser médico. Tras salir de la universidad, agregó un cuarto a la casa familiar en Iztapalapa. Y luego otro cuarto, y otro, hasta que completó un hospital, un centro de referencia en la delegación desde hace décadas, donde los pacientes de bajos recursos van a atenderse, y donde el doctor García ha enseñado a generaciones de médicos. “Soy médico para ayudar a la gente, no para hacerme rico”, recuerda Alma que su padre le decía.

Esas experiencias vitales alimentan a Alma Rosa, la ejecutiva que ostenta una mezcla peculiar de poder suave, trato cálido y persuasión de terciopelo con agudeza, hiperactividad, capacidad de disección y voluntad de revolucionar las corporaciones por las que va pasando. Reconoce, además de sus padres, a otro mentor: Matthew Heyman, uno de los tres socios fundadores de Cinemex, el hombre que la enseñó a negociar. “Cuando me dicen que soy una perra en las negociaciones, suelo responder con un ¡gracias!”.

A esa compañía llegó con veintimuypocos años, recién egresada de Administración de empresas del ITAM, una “niñita caguengue” que se sentaba con dinosaurios de la industria a definir porcentajes de ganancia por exhibición de películas, y que desconcertaba y ponía de frente una doble ‘afrenta’: ser joven y ser mujer. Llegó a directora general en 2008, cuando no había cumplido 40 años de edad.

Receta para el éxito: escuchar a los millennials

Vemos a Alma en un Cielito pues es en los cielitos donde suele trabajar, no en una oficina. Necesita el contacto directo y constante con gerentes, baristas, supervisores, clientes, “los chavos” —la palabra ‘chavos’ surge muchas veces en su charla—. Pregunta por la frescura del sándwich de claras de huevo que nos ve comer; comunica, con emoción medida, la introducción “experimental” de pan dulce de Rosetta, acaso la mejor panadería de la ciudad. Y deja entrever la complejidad de la operación que tiene entre manos. Cielito Querido Café, la muy exitosa aventura retail de Grupo ADO, nacida hace ocho años, es una empresa madura.

Alma Rosa García Puig, CEO Cielito Querido Café • Ilustración: Marco Armenta

“El statu quo ya no es factible, ni en Cielito ni en ningún lugar”

Alma Rosa García Puig

Demostró que era capaz de conquistar comensales y parroquianos con su promesa de tradición y orgullo mexicanos —en sabores y decoración— puestos al día. Ya se sabe: el chocolate de la abuelita-aspiracional. Hoy se encuentra justo en ese punto tan delicado al que suele llegar, por poner un símil, una banda musical: el segundo disco. ¿Debe cambiar mucho? ¿Debe sonar igual? ¿Cómo evolucionar?

Es decir, ¿Alma está en Cielito para administrar el éxito, para darle mantenimiento preventivo a la marca? Para nada. Está allí para mover las aguas, para instalar una nueva cultura, para medir el crecimiento. “Las compañías, cuando se enfocan solo en el crecimiento, no hacen otra cosa que abrirle la puerta al caos interno. Y cuando, con el paso del tiempo, quieren corregir, les resulta demasiado caro. No veo que tengamos esos problemas; quiero decir, podríamos devorar el mercado, pero no es nuestra filosofía. Queremos crecer del centro hacia afuera (incluso en términos de geografía nacional, anotamos nosotros), pian-pianito”, explica Alma. El próximo año abrirán 15 sucursales, que se sumarán a un grupo de casi 80.

Alma está interesada en incorporar los mejores valores de los millennials a la cultura. El cambio organizacional pasa por el cambio generacional. “El statu quo ya no es factible, ni en Cielito ni en ninguna compañía”, asegura. Pone un ejemplo. Un supervisor de una sucursal determinada, un chavo barista en realidad, pidió un día hablar con ella. Le preocupaba una caída en ventas; y le inquietaba, también, que eso parecía estar fuera del radar de su gerente de zona. Alma se sentó con él, y le pidió que formulara un plan de acciones para “mover los números de su Cielito”. No se trató de un simple “bien, ¿y tú qué harías?”, sino de un teamback hecho y derecho, guiado, asesorado, que produjo ideas en verdad geniales, asegura Alma. Ideas que bien podrían, después del periodo de evaluación, ser aplicadas en todos los Cielitos.

“Las compañías, cuando se enfocan solo en el crecimiento, no hacen más que darle entrada al caos”

Alma Rosa García Puig

“Se dice que los millennials no son comprometidos, que no tienen estructura. Pero yo no conozco a una generación más comprometida. Te dan todo, pero solo si les das un motivo, una misión con la que de verdad puedan identificarse”. Los nuevos colaboradores son valiosos, opina Alma, sobre todo porque exigen, provocan, empujan cambios en el mánager. Entre ellos la directora está en su salsa.

Cómo leer las arrugas de la experiencia

En el abanico de estilos de management, Alma Rosa es experta en las distancias cortas. Hay un cultivo formal de habilidades. A los MBA en finanzas y negocios en el London School of Economics y la Universidad de Austin, ha sumado posgrados y diplomados en Programación neurolingüística, Psicología y Grafología. En esta misma temporada desaparece una semana cada cuatro meses para cursar en Seattle una especialización en lectura de rostro. “Uno puede conocer la personalidad de un individuo a la hora de la toma de decisiones a partir de sus facciones”, explica Alma.

Ese conocimiento es de gran utilidad a la hora de formar equipos de trabajo. “Las arrugas son emoción en el rostro (…) las peores son las que no se manifiestan, las arrugas que no se muestran”, nos diagnostica. “A las personas que tendemos a la autocrítica severa —añade— se nos caen los párpados”. Cuando Alma ve en el espejo que un párpado va para abajo, actúa en consecuencia. Corrige, equilibra. Pero no es vanidad. “Entender al ser humano me encanta”.

El padre de Alma fundó un hospital, emprendió un proyecto con fuerte acento social. Su madre se trazó, en algún momento, un camino sin pausa en las estructuras empresariales. Alma no se limita a recrearse en una sola de las dos ‘opciones’. La versión 2.0 de Cielito Querido Café está en sus manos, y eso es suficiente para llenar cada una de sus horas —por no mencionar el cuidado de sus hijos de apenas tres y seis años—. Igual le da tiempo para vigilar sus emprendimientos: una escuela para niños con aprendizaje especial —ya tiene a 85 inscritos—; una marca de tortillas de harina artesanales y una clínica de fotodepilación. Más lo que se vaya sumando. Tendrá arrugas bien ganadas.


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