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Esta es la clave del éxito de Airbnb en México

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5 abril, 2018

Ángel Terral, el hombre que orienta el rumbo de Airbnb México, nos explica los motivos por los que esta plataforma ha prosperado en nuestro país.


Viajar es una de las formas que adopta el carácter aventurero. Cuando viajamos, nos percatamos de que el destino del viaje está dictado por la diosa Fortuna antes que por la agencia de viajes o el boleto de avión…

Esta es la historia de Ángel Terral, quien de joven, en su natal Niza, vio un documental en la televisión francesa sobre una megalópolis monstruosa, inabarcable, contaminada, rodeada de volcanes en erupción y proclive a los terremotos: la Ciudad de México. “¡Jamás de los jamases voy a vivir allí!”, pensó Ángel con horror. Hoy lleva 16 años residiendo en esta terrible y maravillosa ciudad, ha formado una familia chilanguísima, se ha hecho un nombre propio en el paisaje de startups locales y es el Country Manager de la recién abierta oficina mexicana de Airbnb, la plataforma tecnológica que, desde la economía colaborativa, ha revolucionado el negocio de la hostelería global. (Luego por eso dicen que la diosa Fortuna tiene buen sentido del humor.)

Nuestro país conoce ya muy bien a Airbnb. Desde hace poco más de seis años los mexicanos con vocación de hospitalidad pueden monetizar esos espacios subutilizados en sus propios hogares al alojar a viajeros (sobre todo extranjeros, en esa primera etapa de funcionamiento de la plataforma), mediante el “entorno” y las directrices que provee la compañía, fundada en 2008 en San Francisco, California.

No diremos que ha sido un éxito: ha sido todo un estallido. En México, el octavo país más visitado del mundo, la compañía crece a triple dígito: el número de viajeros en la plataforma se incrementó 165 por ciento en 2016. Esta parece ser la tierra prometida de Airbnb o, para usar el argot startupero, aquí encontró su unicornio. Lo que sorprende es que no se hubiera fincado antes una sede local (la primera oficina latinoamericana se abrió en Sao Paulo) y que no existiera una estrategia específica, una campaña dedicada. Faltaba una mente maestra que encaminara el potencial enorme. Y aquí está ya Ángel Terral, con su conocimiento del mercado y su sensibilidad de emprendedor y viajero tenaz.

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Ilustración: March in Mars

Global, inmenso, pero startup

“Desde pequeño, en el liceo, noté que pertenecía a una comunidad sui géneris”, recuerda Ángel. Era la comunidad de los que nacían poseyendo más de una lengua, y Ángel también tenía el castellano, pues su madre es venezolana. Sin embargo, sus primeros pasos en el mundo de las empresas tecnológicas son del todo anglosajones; en Londres estudió y aprovechó el primer boom de los negocios en internet y desde allí emigró a México, atraído, primero, por “el horizonte de posibilidades” que se intuía para nuestro país (era 2001, recién estrenada la alternancia electoral), y después por los cantos de sirena de un amigo suyo, que ya trabajaba y prosperaba en la Ciudad de México. “¡Aquí está buenísimo!”, le decía a Ángel. Quería decir: la capital es perfecta para extranjeros con ambición, empuje, juventud y planes de negocio. Y él, en un salto de fe, desempolvó sus palabras en español, tomó el avión y fue contratado por Telmex para uno de sus fondos de capital de riesgo.

¡Los mexicanos se vuelan la barda en hospitalidad! La familia pesa (…)

Comenzó a entender el ecosistema nacional de startups y a apreciar algunos otros intangibles: “Recuerdo que me subía a uno de esos vochos taxi de la época, sin asiento delantero, y me quedaba embobado viendo pasar el cielo azul. En Inglaterra, claro, todo estaba encapotado”. Acá se casó.

Cuatro años más tarde trabajó en Microsoft. Siguiente paso: fundó SuperAntojo.com, una plataforma pionera para ordenar comida para llevar de diferentes restaurantes, y conquistó su independencia emprendedora. Demostró su éxito como lo hacen casi todas las startups: fue vendida antes de los tres años de desarrollo.

Pero, ah, la vida solitaria del emprendedor… Sí, puede llegar a cansar. Por eso, cuando supo que Airbnb se disponía a abrir su operación mexicana, movió ficha y se postuló. Era una ligazón laboral obvia, casi natural. El francés-mexicano tenía los reflejos para operar en una compañía en internet de acelerado crecimiento y al mismo tiempo tenía experiencia en ambientes corporativos complejos. “Y no sé si ya mencioné que México es el quinto país en el que vivo. Si hubiera existido antes Airbnb, me hubiera ayudado a integrarme más rápidamente, por el contacto directo con los locales.” Ángel describe su situación y también la promesa de oro de la plataforma: el chance de pertenecer, aunque sea por unos días o semanas, a una ciudad extraña, en su ritmo cotidiano, fuera de los carriles para turistas.

Un terreno virgen, con anfitriones

Casi resultaría extravagante que Airbnb tuviera una oficina tradicional. Entre pasillos poblados por gente rauda que sostiene laptops abiertas en vilo, olor a capuchino y ese interiorismo tan business loft que define todo WeWork (este es el de Reforma-Lomas, donde opera también Twitter), Ángel nos recibe. Y nos pide, de sopetón, pensar en la familia mexicana: “Es algo que a mí me llamó la atención cuando llegué. Comparado con Europa, es notable el peso que aquí tiene la familia. ¡La importancia del viaje en grupo!” Sí, claro, nuestra proverbial mueganización… ¿Qué hay con ella? “En que nuestro producto y el mercado encajan perfecto. Con Airbnb puedes tener tu casa de campo en cualquier parte del país”. La frase, que tiene forma de eslogan, es una de las líneas estratégicas principales de la compañía. Si en un año Airbnb logra hacer viajar a tantos mexicanos como a extranjeros a lo largo y ancho de México (o a más), se sentirá satisfecho.

Las autoridades deberían abrazar la economía colaborativa.

¿Estereotipos nacionales? Mi casa es tu casa, el hogar mexicano abierto de par en par para las visitas, pero él no ve un estereotipo: “Es una dimensión real, la he visto en nuestra comunidad de anfitriones, que son 50 mil en todo el país”. Una de las primeras cosas que hizo al tomar el puesto fue reunirse con integrantes de esa comunidad, la cual se considera el corazón del sistema; así, informalmente, citas de cafecito. “En algún momento me decían: ‘Perdón, Ángel, tengo que irme. Voy al aeropuerto a recibir a mi huésped…’ ¡Los mexicanos se vuelan la barda en hospitalidad! ¡A mí, que he utilizado la plataforma en otros países, jamás me han recogido en el aeropuerto!”

—Y en estos meses que ya llevas al frente de Airbnb, ¿qué otras particularidades te han sorprendido, además de la hospitalidad extrema de los anfitriones locales? —le preguntamos.

—Cuando llegué a Airbnb, tuve la consciencia de trabajar en una compañía que está cambiando la forma de viajar, pero al empezar a conocer a la comunidad de anfitriones… señoras que se quedaron viudas de repente, gente que había perdido el empleo… me cayeron otro tipo de veintes. Recuerdo a este señor, ya grande. Estaba en su casa, los hijos ya se habían ido. Estaba solo y no había ahorrado lo suficiente para el retiro. Comenzó en Airbnb para sacar los gastos, y me decía: “Esto es lo mejor que me ha pasado en la vida, he conocido gente de tantos países…” No había dimensionado el impacto social que tiene la plataforma.

—Sí, Airbnb parece que ha encontrado en México una tierra prometida, y hasta virgen, en este sentido: por ahora se ha librado, al parecer, de las objeciones intensas a la plataforma por parte de gobiernos y asociaciones civiles, en ciudades como Nueva York o Madrid. Ya sabes: que distorsiona el mercado de vivienda, la composición social de los barrios, la falta de regulación… pero tarde o temprano llegarán las críticas —apuntamos.

—Cada ciudad es diferente. Hay algunas con problemas de saturación de turistas; otras tienen problemas de infraestructura o de envejecimiento de la población… Nosotros queremos tomar una actitud proactiva y trabajar de la mano con los gobiernos locales. A la fecha hemos cerrado dos acuerdos: uno con la Ciudad de México y otro con Quintana Roo, con relación a la recolección del impuesto al hospedaje [que consiste, básicamente, en que Airbnb en automático retiene y recolecta tres por ciento del costo de la reserva por este concepto, y el dinero se remite a la autoridad local]. Es importante que las autoridades abracen esta economía colaborativa; la derrama económica del turismo se caracteriza por su concentración en los destinos. Y luego está lo que llamamos la huella Airbnb: dentro de las ciudades, setenta por ciento de los listings de la plataforma están en lugares que los turistas no suelen pisar. De repente aparecen personas con cámara en lugares nada típicos que se preguntan en dónde comen, en dónde cenan. ¡El turismo se distribuye, y las posibilidades de autoempleo se multiplican! Un viajero de la plataforma realiza la mitad de sus gastos en los alrededores de su lugar de hospedaje, hemos calculado.

La última valuación de Airbnb alcanzó 31 mil millones de dólares. Opera en 191 países y 65 mil localidades, a través de 3 millones de listings (las opciones de alojamiento, pues). México “contribuye”, hoy, con 92 mil hogares. Ángel Terral sabe que pueden crecer a 140 mil para finales de año.

Este artículo se publicó en la edición impresa de marzo de Negocios Inteligentes.


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