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Conoce a Larry Rubin, quien podría ser el próximo embajador de EUA en México

12 septiembre, 2018

La relación con Estados Unidos muestra la cara más inestable y enloquecida, pero mientras este hombre mantenga el buen ánimo, habrá motivos para confiar en que todo saldrá bien. Conoce a Larry Rubin, favorito para próximo embajador de EUA.


Éste luce como un momento crítico para las relaciones entre México y Estados Unidos: no hay certezas ante la posible construcción de un muro fronterizo y el endurecimiento de las políticas migratorias versus el proyecto de país que hasta ahora plantea el presidente electo Andrés Manuel López Obrador. La compleja perspectiva diplomática es un cuadro ante el que nadie está pintando una sonrisa; nadie, excepto Larry Rubin.

Representante en México del gop estadounidense (el Grand Old Party republicano), presidente de la junta directiva de The American Society, expresidente de la Cámara de Comercio Americano, headhunter, rotario, celebridad política, profesor universitario, padre de familia, columnista y emprendedor tenaz, los días de Rubin parecen tener muchas más horas que los de una persona
normal: su estilo de liderazgo está centrado en el trabajo constante que no espera un reconocimiento inmediato, ése que se cuece a fuego lento y se corona con muchas puertas abiertas. Esto no es algo que Rubin aprendió en un seminario de coaching o en un mba de escuela privilegiada: el brío y la voluntad hacia el trabajo es para Rubin un estilo de vida, algo que aprendió desde los 14 años, cuando, por iniciativa propia, empezó a vender Amway (la empresa norteamericana multinivel de productos de belleza y salud cuyo nombre es un apócope de american way), con tan buen talante que en menos de cuatro años llegó a tener una red a su cargo de mil vendedores:

“En mi casa hubo una gran necesidad económica, pero también estaba el hambre de aprender, de hacer cosas nuevas. Tocando puertas en Amway aprendí a no tener miedo al rechazo o a empezar
de cero porque así es como la mayoría de las personas empiezan. En buena parte gracias a las enseñanzas de vida que obtuve allí, a los 24 años me convertí en el director de American Airlines
para México”, platica Rubin.

Espera… ¿cómo? Sí, la pregunta obligada, desde luego, es cómo. ¿Cómo pasó de vender champú a ser director de una empresa internacional en solo 10 años –y, si hacemos caso a los líderes de opinión en la red, fuerte candidato a embajador de Estados Unidos en México antes de cumplir los 50?

Levantar la mano, para todo

Tras su éxito como vendedor, Rubin reconoció que deseaba algo más estimulante y pidió trabajo en el aeropuerto de la Ciudad de México: “Quise entrar a lo más rudo porque era un tremendo reto para mí. Así fue como ingresé a la sección de equipajes perdidos, a los 18 años. ¡Imagínate! El departamento más conflictivo de cualquier aerolínea”, dice Rubin, divertido.

Lo que para otros hubiera sido una maldición –atender clientes enojados–, a Rubin le dio una oportunidad para mostrar su valía: el joven daba un servicio tan extraordinario que le escribían
cartas de apoyo y agradecimiento. “Las cartas le llegaban al director general, hablaban de aquel muchacho que les había otorgado un buen servicio y esto se empezó a notar, no solo en México sino a nivel corporativo. De pronto me llamaba el vicepresidente de la aerolínea en Estados Unidos para felicitarme. Precisamente porque era un departamento conflictivo, se convirtió en algo mucho más importante”, dice.

Poco a poco, Rubin se coló en todas las áreas en las que pudo, “cuando salía algo yo siempre levantaba la mano”, recuerda. De cartas de felicitación y entrega total se hizo un camino del  departamento de reclamos de maletas a gerente de la estación y luego subdirector del aeropuerto. “Trabajaba muchas horas. En vez de estar en el antro, pasaba mis fines de semana trabajando. Innovamos muchísimo en el departamento de reservaciones, en ventas, en finanzas y todo eso me tomó seis años, hasta que American Airlines me dio la oportunidad de convertirme en el Director General para México. Se oye fácil, pero fue muy intenso”, recuerda Rubin, sin reparar, quizá, en lo complicado que se oye ser casi un adolescente y contar con esa capacidad para el autogobierno.

Las carencias monetarias en casa fueron determinantes, pero lo fue más ese estar plantado en el mundo sin miedo: cuando ya era director de la aerolínea, se percató de que para avanzar tendría que terminar una carrera universitaria. “Estudié la licenciatura hasta que llegué a director general, hasta allí me di cuenta de la gran necesidad de tener un título, ya que tenía dinero para pagarla. Busqué escuelas que pudieran aguantar que yo trabajara todo el día, y aunque en el presente hay varias opciones, antes era muy difícil. Sólo la Anáhuac me daba la oportunidad de trabajar todo el día y estudiar por las noches”, dice Rubin, quien algunos años más tarde se dio el lujo de impartir cátedra en su alma mater. La experiencia en la aerolínea le abriría camino hacia las distintas cámaras del comercio norteamericano en México y esto lo pondría en una posición de actor político muy relevante, sobre todo ahora, en tiempos de incertidumbre y cambios radicales en
ambas administraciones: hoy Rubin puede decir que pocas personas conocen a tal profundidad las necesidades comerciales y políticas de la relación México-Estados Unidos.

En pro de la inversión norteamericana en México

Cuando Rubin llegó a ser ceo de la Cámara Norteamericana de Comercio en México, supo que su participación en temas políticos sería cada vez más intensa, “representaba los intereses de miles de empresas norteamericanas y eso incluye estar pegado a los líderes políticos”, dice Rubin, quien, recordemos, es el actual presidente de la American Society of Mexico. “En ese momento también me invitaron a representar al partido republicano, algo que en el origen iba a hacer temporalmente y ya llevo 14 años en activo”.

Desde su trinchera política y como miembro del partido en el poder, Larry guarda un optimismo revelador sobre el futuro de las relaciones comerciales entre ambos países: de entrada, es un gran convencido de que el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (tlcan) le conviene a todos y se renegociará de forma expedita. “El tlcan es el gran pendiente y todos quieren ver que sea renegociado, de hecho, ya llevamos un avance del 85 por ciento, y el 15 por ciento, lo que queda, son las negociaciones sobre reglas de origen y la Cláusula Sunset, pero creemos que hay voluntad para lograrlo”, dice, aunque justamente aquella cláusula, que obligaría a renegociar el acuerdo, ha parado la negociación tras la última ronda formal en marzo de este año, pues Canadá y México se oponen a ella con fuerza.

Para Rubin, la voluntad política es primero, sin importar la ideología de partido que entra al poder: “Centro-derecha o izquierda, cuando uno empieza a analizar los grandes montos de inversión extranjera que hay en el país y la cantidad de trabajos que esto genera, es fácil darse cuenta de lo impor tante y lo vital que es el tlcan para la economía”, explica, e incluye en esta lógica al presidente electo, Andrés Manuel López Obrador. Rubin narra que en el 2006 invitó a Andrés Manuel a la cámara de comercio que dirigía: “Le enseñamos todo lo que representaba y desde entonces supe que si Andrés Manuel López Obrador se convertía en presidente, sería uno muy responsable, que estaría buscando lo mejor para México, que sin duda es hacer al país más atractivo para la inversión extranjera. Es ahí donde creo que el próximo gobierno se puede apalancar para incrementar los empleos y el salario mínimo”.

En cuanto al nombramiento de Marcelo Ebrard como próximo canciller, Rubin lo celebra, pues prevé una etapa de bonanza en las dos naciones, con una relación bilateral mayormente positiva, con desacuerdos evidentes pero en la que se podrán dirimir diferencias y enfocarse en lo que sí se puede hacer conjuntamente. “No es solamente una esperanza, sino también creo que el nuevo gobierno de AMLO ha venido mandando señales muy claras de que se dirige a ese camino”, dice.

“Ambos pueblos escogieron a líderes poco comunes, en ambos casos se rompieron paradigmas, líderes con una visión diferente, pero AMLO y Trump van a poder trabajar juntos, estoy seguro, porque nos conviene a todos”, dice con esa sonrisa franca que lo caracteriza, con esa costumbre que tiene de tocar de puerta en puerta (hasta en las conversaciones, las entrevistas, en los encuentros con otros) hasta que se le abre todo el mundo: un hombre hecho de dos tradiciones, la mexicana y la norteamericana, que bien podría simbolizar un pacto entre fronteras, tan reales y
en ocasiones tan difusas entre ambos países.

Esta entrevista fue realizada por Ira Franco y se encuentra en la edición de septiembre de Negocios Inteligentes.


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