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Conserva bien a tu negocio con la historia de La Costeña… y sus conservas

18 enero, 2019

Con casi 100 años de historia, La Costeña ha pasado de ser un negocio familiar a una de las empresas de alimentos más grandes de México y el mundo: toda una lección de cómo “conservar” a tu mercado.


De acuerdo con Kantar Worldpanel, La Costeña es la novena marca más elegida por los mexicanos; de hecho, 94.3% de los hogares en México la consumen. Al parecer, la tendencia es seguir creciendo; actualmente esta empresa mexicana exporta a 50 países, el 85% de sus productos van a Estados Unidos, y están en cinco continentes. No se puede discutir contra esos números.

Pero esta empresa empezó como la gran mayoría de los negocios en México: un puesto familiar. Aquí te contamos lo que ha pasado en los 96 años de historia de La Costeña.

Empezaron igual que todos

Una pequeña tiendita de la esquina en Calzada de Guadalupe en la Ciudad de México. Esto fue lo que, en 1923, dio inicio a La Costeña. Vicente López Resines compró esta tienda y empezó Conservas La Costeña, que se hizo popular en la zona por sus chiles serranos en vinagre.

En esos años, López Resines envasaba los chiles en vitroleras de 20 kilogramos. Al poco tiempo se dio cuenta de que este método de empaque podría mejorar, y empezó a experimentar con latas y frascos de 3 kilogramos, que los conservarían por más tiempo. Cuando perfeccionó la fórmula del empaque, empezó a vender otros productos como aceitunas y aceite de oliva.

Pronto fue evidente que la mejor opción era fabricar sus propias latas, así que la producción empezó en 1937. En menos de 10 años, ya habían inaugurado su primera planta de producción en la Ciudad de México. Después de eso, el éxito llegó casi por sí mismo. Los productos empezaron a llegar a todo el país, e inauguraron la planta que usan actualmente en Ecatepec.

En la década de los 90, fueron una de las primeras empresas en cambiar los envases soldados con plomo por un nuevo sistema de sellado electrostático. Este método es mejor para el ambiente y la salud. También implementaron el sistema abre fácil en sus latas y nuevos métodos de envasado aséptico que eliminan microorganismos en el cartón.

Hoy en día cuentan con dos Centros Automatizados de Distribución, de los más grandes América Latina en capacidad y número de operaciones. También consiguieron la declaración de marca famosa del Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial.

Está en el mejor mercado

El mercado de alimentos procesados es uno de los que más crecen en México anualmente. Por ejemplo, en el 2014 alcanzó un valor de 67 mil millones de dólares; para el 2020, crecerá 4.1%. Por otro lado, en México hay más de 120 millones de habitantes, y ahora la esperanza de vida es de casi 75 años. Para empresas de alimentos, esto significa más mercado.

Además, hay una tendencia, principalmente en Estados Unidos, de consumir comida mexicana. De hecho, desde hace 10 años, La Costeña está presente en Arizona, y ha comprado marcas estadounidenses como Faribault Food de vegetales. Y no han dejado de expandirse. El actual director general de la empresa, Rafael Celorio, entró en 1989. En ese tiempo, solamente vendían chiles, puré de tomate, mermelada, miel y salsas. Ahora venden cientos de productos más como aceitunas, catsup, mayonesa, frutas, y mucho más.

Han sabido mejorar su imagen en los peores momentos

En el 2013, La Costeña recibió el Premio Nacional de Imagen Pública, pero tres años después, en el 2016, un penoso incidente les ocasionó severos problemas en su imagen. Uno de sus empleados de la línea de producción publicó en Twitter una foto de él orinando sobre los chiles que serían envasados.

Mucha gente se enfureció con la imagen y con justa razón. En cuestión de horas la imagen se viralizó y La Costeña entró en la crisis de reputación más grande de su historia. En cuanto detectó la imagen en redes sociales, la agencia de relaciones públicas Fleishman Hillard lo notificó a los directivos de la empresa. De acuerdo con el gerente de mercadotencia, todo pasó muy rápido, pero iniciaron su investigación en cuanto se enteraron para identificar a los empleados y removerlos.

Una semana después de la foto, La Costeña dio a conocer un comunicado donde se disculpaban con el público, pero decían que los chiles nunca fueron orinados. Aún así, la Comisión para la Prevención de Riesgos Sanitarios del Estado de México (Coprisem) visitó la planta en Ecatepec para verificar las condiciones sanitarias. Al final, decomisaron 12 mil latas.

Para recuperar su imagen, La Costeña invirtió todo lo posible. En primer lugar, tuvieron que admitir que hubo un error de comunicación. En el primer comunicado, parecía que la empresa reprobaba el acto y que efectivamente sí habían orinado en los chiles. Después, la versión oficial era que la foto había sido simulada.

Para recuperar su reputación, implementaron visitas guiadas a las plantas de producción, mejoraron los procesos y la seguridad y también la capacitación del personal. Seguramente funcionó, ya que para el 2017 sus ventas crecieron 17%.

Parece que La Costeña es la prueba de que empresas mexicanas pueden crecer y recuperarse de sus propios errores. Si te gusta su historia, sigue leyendo los consejos que han aprendido a lo largo de los años.

Sigue leyendo la clave del éxito de La Casa de Toño.


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