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El polémico Ramo 23 en tiempos de AMLO

28 marzo, 2019

Con el dinero del Ramo 23 se financiaba de todo: desde obra pública hasta desvío de recursos. Se le conocía como el ramo “de los moches”. La 4T lo tiene controlado como medida anticorrupción, pero ¿ha servido de algo?

Algunos gobernadores fueron los primeros en reclamar. También se quejaron diputados federales y presidentes municipales. De acuerdo con el periódico La Jornada, el gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro Ramírez (Movimiento Ciudadano), consideró que la reducción en el presupuesto de Jalisco pondrá al estado en crisis presupuestaria, sobre todo por el recorte al Ramo 23. La secretaria de finanzas del gobierno de Tamaulipas, Lourdes Arteaga Reyna, en una nota del portal Vox Populi, dijo que la reducción de esa partida presupuestal impacta a su estado en proyectos de infraestructura “en el orden de los 300 millones de pesos y en los municipios 200 millones. Estamos hablando 500 millones de pesos menos”. Un artículo del periódico El Diario de Yucatán señala que la diputada federal Dulce María Sauri (PRI) reconoció que, para ese estado, el Ramo 23 “tiene tres mil millones (…), pero vienen etiquetados desde el Gobierno Federal. Hay aumento para educación y salud, pero no se pueden gastar libremente”. Incluso, Miguel Ángel Osorio Chong, ex secretario de Gobernación durante el sexenio pasado y ahora coordinador del pri en el senado, externó su desacuerdo con el recorte al Ramo 23, en una nota publicada por el periódico Zócalo de Coahuila: “Era un ramo importante para las obras que le impactan directamente a la ciudadanía y es increíble que de un plumazo, en una decisión unilateral, se haya desmantelado este programa que fue logrado por (…) nuestro federalismo, por la división de poderes, por el fortalecimiento de los municipios”.

¿Por qué tanto alboroto por el Ramo 23? ¿Qué es el Ramo 23?

El Presupuesto de Egresos de la Federación 2019 (PEF 2019) significó un reajuste tajante en muchos de los rubros en relación con los sexenios anteriores. Y redujo, en efecto, los recursos destinados al Ramo 23. El número 23 se refiere (en el listado de 48 ramos o sectores a los que se destina el Presupuesto Federal) a “Provisiones Salariales y Económicas”. No dice mucho ese nombre. En la práctica, en cambio, se ha utilizado para financiar cualquier cosa. Ha sido una suerte de “caja chica” en la que los gobiernos se han apoyado para solventar sus gastos y, en ocasiones, para desviar recursos.

No es gratuito que el Ramo 23 haya ganado mala fama en los medios de comunicación como el ramo “de los moches”. El libro La negociación política del presupuesto 1997-2018, coordinado por Luis Carlos Ugalde para la consultora Integralia y el Senado de la República, hace un resumen breve de los orígenes de este sobrenombre al relatar que “desde los gobiernos panistas de (Vicente) Fox y (Felipe) Calderón se gestó la práctica de algunos legisladores federales de pedir comisiones o ‘moches’ a los gobiernos locales a cambio de recursos presupuestarios contemplados en el pef”. Incluso, indica que “a finales de 2013, diversas crónicas periodísticas señalaron que, las ‘comisiones’ por asignación de recursos iban desde el 10 hasta el 35% de los recursos extras que se gestionaban”.

No solo eso, sino que se pedía a los gobiernos locales contratar “a una determinada constructora para llevar a cabo la obra pública”.

La corrupción de Peña Nieto con el Ramo 23

Esa práctica continuó, exponenciada, durante la administración de Enrique Peña Nieto. Solo en 2017, durante su sexenio, se presupuestaron para el Ramo 23… 138 mil millones de pesos. Pero se ejercieron… 406 mil millones de pesos ¡Más del 293%! Esto según cifras de Integralia.

De acuerdo con el informe Arquitectura del Ramo 23, elaborado por el think tank México Evalúa, durante el sexenio peñanietista, el sobregasto alcanzó niveles sin precedentes en todos los ramos presupuestales: si durante la administración de Calderón el déficit anual promedio fue de poco más de 151 mil millones de pesos, durante Peña Nieto superó los 293 mil millones de pesos por año.

La asignación de recursos, además, muchas veces “tenía relación con fechas electorales y simpatías políticas”, asegura Mariana Campos, coordinadora de gasto público y rendición de cuentas de México Evalúa. “El manejo del Ramo 23 ha tenido siempre un problema grave: un federalismo mal colocado. La transferencia de recursos a los estados nunca ha obedecido a un diseño funcional”.

¿El recorte al Ramo 23 era la solución?

La “solución”, por llamarla de algún modo, sigue el tono de los procesos abruptos de la llamada Cuarta Transformación encabezada por Andrés Manuel López Obrador: una reducción tajante de los montos destinados a esta partida presupuestal. De poco más de 156 mil millones de pesos en 2018, el Ramo 23 se reduce a casi 113 mil millones para el año que inicia: una reducción de más del 28%. De las 12 partidas que cubría, desaparecieron la mitad. Se supone, como aclaró la diputada Sauri, que esos recursos estarán etiquetados, de manera que se reducen las posibilidades de utilizarlos libremente… o al menos no con la facilidad con la que antes se hacía.

Todo esto serían buenas noticias en cuanto a la administración de los recursos de la nación. Sin embargo, queda pendiente que haya disciplina financiera y el gasto se realice de modo responsable.

En opinión de Mariana Campos, no existen aún los controles que garanticen el uso racional y transparente de los recursos. Incluso vaticina que habrá otros espacios para un uso no fiscalizado del dinero público: “Ahora los Ramos 28 y 33 serán los que se utilicen para la entrega de recursos no sujetos a rendición de cuentas”. También señala que, en administraciones pasadas, el presupuesto de ingresos era deliberadamente cauteloso para utilizar a discreción el capital ‘no previsto’ que entrara a las arcas públicas. “Lo que define la calidad de un presupuesto es su cercanía con la realidad”. Y si bien el PEF 2019 le parece realista, “eso no significa que hemos cambiado el andamiaje institucional. Sigue sin haber avance en la transparencia de los ingresos excedentes”.

¿Cómo se desviaban “legalmente” recursos del Ramo 23?

Ésta ha sido la forma de operar el recurso del Ramo 23 en los municipios del país:

1. Un contratista cómplice del presidente municipal creaba empresas fantasma para que compitieran entre sí en las licitaciones, de modo que ganaba sí o sí.
2. Realizaba la obra pública adjudicada.
3. La obra pública se construía con un sobreprecio.
4. La diferencia con el costo real se repartía entre los involucrados.
5. La infraestructura construida, tras cumplir con la formalidad de ser inaugurada, se dejaba en el abandono.


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