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¿Podrán los cerveceros artesanales sobrevivir al COVID-19?

20 mayo, 2020
Mientras el país se queda sin cerveza, los productores artesanales se quedan sin dinero. Aquí la buena noticia es que la cerveza artesanal nunca ha sido negocio.

 

* Esta nota y sus fotografías las publicaron originalmente nuestros
amigos de Goula, especialistas de la industria alimenticia

 

A la tragedia de la pandemia de COVID-19 y la cuarentena, en México se ha sumado otra calamidad más discreta, pero que sentimos en el alma cuando nos da sed de la mala: la escasez de cervezas en las tiendas.

La historia es trágica. Resulta que la cheve, la chela, la cervatana, nuestra amada cerveza, no es un producto esencial. La emergencia sanitaria que tiene detenida a la economía del país, ha obligado a los cerveceros a suspender su producción. En algunos casos, se han tenido que tirar a la basura cientos de litros ya fermentados pues no hay modo de envasarlos. Inexorablemente se reducen los inventarios, las estanterías se vacían, y a menor oferta, los precios van para arriba. Quién iba a decir que nuestro país, principal exportador de cerveza en el mundo desde hace 10 años, esté padeciendo desabasto.

El síndrome de abstinencia de toda una industria

Los consumidores son los primeros que están sufriendo los efectos de esta privación. Los diarios en línea que informan los efectos devastadores del síndrome de abstinencia muestran encabezados entre cómicos y terribles. “Revenden cerveza hasta en 3 mil pesos por 24 latas”, dice el periódico El Universal. “Perforan delincuentes una pared para robar cerveza en Hermosillo; hay dos detenidos”, reza una noticia del portal sonorense Proyecto Puente. “Con escasez de cerveza, mueren más de 100 mexicanos por tomar alcohol adulterado”, expresa con frialdad una nota de Alto Nivel. Desde que el 6 de abril se detuvo la producción cervecera, “no ha salido ninguna cerveza de ninguna planta o centro de distribución”, dijo en una entrevista con Notimex, Karla Siqueiros, directora general de Cerveceros de México, la cámara que representa al sector.

En realidad, el problema alcanza toda la cadena productiva. En un reciente artículo de Milenio, Raúl Picard, vocero de la Confederación de Cámaras Industriales (Concamin), no se explicaba cómo ahora mismo cinco mil campesinos que se dedican 100% al cultivo de cebada, no podían entregar su producto a la industria cervecera porque todo está parado.

No se trata solamente de una bebida refrescante de baja denominación alcohólica. México es simplemente el principal país exportador de cerveza en todo el mundo, según un documento de 2017 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y ocupa el puesto 14 de las actividades más importantes de la producción manufacturera (de un total de 291 clases de actividad) del país.

Al final, la estocada la está dando el mismo gobierno con su plan de reactivación de la economía post-cuarentena. Ese proyecto especifica el regreso a las actividades de la industria automotriz, de la minería y de la construcción. Sin embargo, Enoch Castellanos presidente de la Cámara Nacional de la Industria de la Transformación (Canacintra), ya señaló la omisión obvia: se les olvidó la chela. “Nos hubiera gustado que se incluya la industria cervecera del país”, aseguró en una nota publicada por Forbes. Alerta que se están produciendo importaciones, cosa que pareciera un contrasentido dado que México es un gran exportador de esta bebida. Se lamenta que esto ocurra así, ya que en muchos países es considerada una actividad agroindustrial. Pero más le preocupa el caso de la cerveza artesanal: “están en riesgo de cerrar y de perder su clientela.”

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La cronista del submundo de la cerveza

Si hay alguien que conoce de primera mano las historias sobre lo que está pasando en el mundo de la cerveza independiente en México es Anabel Manzano. Con el seudónimo de “Lupulina”, maneja Periodismo Desde la Barra, un blog especializado en hacer la crónica de las andanzas de los cerveceros artesanales en México. “Gracias a que la industria cervecera independiente es pequeña, nos hemos hecho una familia”, relata. “Somos los mismos los que vamos al bar y probamos las marcas, los que vamos a los festivales”.

No es ninguna aficionada al reporteo. Estaba cursando la maestría en periodismo en el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) cuando, en 2016, un profesor les encargó un reportaje de investigación sobre algún tema enfocado en la cuestión económica. “Y a mí siempre me ha llamado la atención la cerveza…”, comenta. Propuso el tema de la producción artesanal, y le ocurrió lo que a mucha gente que se acerca a esta línea de bebidas: se apasionó. “Yo quería hacer otro tipo de periodismo, algo que mostrara a la industria de la cerveza artesanal como algo serio. Quería conocer más allá. Quería estar detrás de una barra, quería servir la cerveza, quería hablar con los clientes, quería hacer cerveza. Experimentar en carne propia las dificultades que tienen los cerveceros para poder sacar adelante sus empresas”.

A inicios de este año, su blog, al igual que toda la industria, estaba en pleno crecimiento. “Antes de que lanzaran lo de la cuarentena, yo estaba en Baja California para cubrir el Ensenada Beer Fest, y justamente esos días dijeron: se cancela todo. Sí fue triste. Tuve que anticipar mi regreso.”

Desde su encierro en Tampico, Tamaulipas, ha seguido de cerca las historias de lucha de las distintas cervecerías independientes de todo el país. Relata dos casos para ilustrar el tamaño del desastre. En el sureste, las cervecerías artesanales más emblemáticas de Yucatán, Patito y Ceiba, habían hecho producción especial porque iban a tener un tianguis turístico. “¡Pues cancelaron el tianguis turístico, y ellos se quedaron con el doble de producción y aparte sin poder mover la cerveza!”, cuenta. En esa entidad, el gobierno restringió hasta la venta de alcohol para entrega por paquetería. Los productores yucatecos le describieron la situación como “muy dramática”. Para colmo, acababan de hacer adquisición de equipo. “Y pues los fermentadores son equipos carísimos.”

En el noreste de la república, en Mexicali, también prohibieron el servicio a domicilio y la ley prohíbe embotellar. A causa de ello, en cerveza Fauna se quedaron con tres fermentadores de los más grandes llenos. “Cerveza que no pueden embotellar porque se arriesgan a multa. Y ahí va a ser una pérdida muy grande”, dice la periodista, quien señala que hay un par de estilos de cerveza que aguantan hasta cuatro semanas sin embotellarse, pero están a 14 días de alcanzar ese tiempo.

Comparadas con los volúmenes navegables que manejan las grandes cerveceras industriales del país, estas pérdidas quizá no suena tan catastróficas. Pero estamos hablando de empresas muy pequeñas, que viven al día, y que, de hecho, subsisten en números rojos. “La industria de la cerveza artesanal ha sobrevivido históricamente en números rojos por los impuestos, por el IEPS (Impuesto Especial sobre Producción y Servicios, que grava a las bebidas alcohólicas), y porque el mercado todavía es muy pequeño”, dice Lupulina.

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La industria en números rojos que nace del corazón

Cuando le preguntas a Cristina Barba Favá, directora de la Asociación de Cerveceros Artesanales de México (Acermex), por qué a pesar de ser tan mal negocio, hay emprendedores que insisten en abrir su cervecería, su respuesta la da casi en un grito: “¡Es puro corazón! De verdad que lo es…”

Según cálculos de la propia asociación, hay cerca de 800 cervecerías independientes. De ese universo, Acermex reúne a casi 70 afiliados cuyo valor es el equivalente al 75% de todo el sector. Las restantes 730 cervecerías alcanzarían apenas el 25% del mercado.

En promedio, ocho de cada diez productores dependen totalmente del ingreso que deja su cervecería. Sólo el 20% restante lo tiene como un segundo negocio, como un plan B. Sin embargo, el freno impuesto a la industria a partir de la pandemia de COVID-19 es tajante. “La verdad es que todo se paró. Porque lo marca así la ley”, dice Barba. El consejo institucional a los agremiados a Acermex es que sigan los lineamientos que marca el gobierno por temas de seguridad, pero “obviamente respetamos la decisión que cada quien crea que debe ser tomada para subsistir su negocio”.

Tanto Barba como Lupulina coinciden en que, pese a las dificultades del presente, el sector es resiliente y eso le permitirá sobrevivir a esta crisis. “Sin embargo sí creo que habrá cervecerías que van a cerrar”, advierte Barba. “Se ha caído 80% de las ventas. Esto va a representar el 50% de las ventas anuales. No todos van a aguantar. Es una realidad. Estamos monitoreando cómo vamos. Parece ser que sí estamos aguantando, pero habrá algunas que no puedan resistir.”

Lupulina es más optimista: “Definitivamente los cerveceros artesanales son gente resiliente. No están ahí por el tema del dinero, no están ahí por el tema del negocio, porque no es un negocio la cerveza artesanal en México; aún no es un negocio. Ellos han sobrevivido gracias a la pasión que tienen por lo que hacen”.

“Todas las crisis traen oportunidades”, añade Barba. “Y la escasez de la cerveza industrializada es una oportunidad, sobre todo para nosotros, consumidores, de probar una cerveza artesanal. Seguramente hay una en tu colonia. La cervezas artesanales somos de barrio. Seguro en tu barrio hay una cerveza artesanal. Date la oportunidad de encontrarla, de comprar en esa cervecería”.

 

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