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Que el miedo de emprender no te haga esconderte como un avestruz

3 octubre, 2018

Nuestra columnista Patricia Carmona te dice cómo utilizar el miedo a tu favor al emprender.


Se nos dice que, ante el peligro, todas las personas tenemos dos reacciones primitivas, por más títulos universitarios que cuelguen de nuestra pared: huir o pelear. Se supone que son un vestigio de la época en la que una amenaza tenía dientes y nos veía como su cena.

Lo que estamos ignorando, muy al estilo de un avestruz que esconde la cabeza, es que hay una tercera reacción y es la más común frente a una situación que nos produce miedo: nos paralizamos. Esto nos sucede en una crisis —piensen en un accidente— y también en lo cotidiano, mucho más frecuentemente de lo que nos gusta admitir.

En todos los ámbitos de nuestra vida, hablemos de nuestra pareja o nuestro negocio, evitar el cambio es una estrategia “segura” porque no nos confronta de manera directa con las cuestiones que producen malestar, y de manera más importante, con la decisión de llevar a cabo las acciones necesarias para avanzar.

¿Quién no ha dicho en su negocio que “así se han hecho las cosas toda la vida” o usado el refrán “si no está roto, para qué repararlo”? El miedo al fracaso está detrás de la mayoría de las personas que deciden vivir la aventura de emprender.

Obviamente a nadie le gusta perder, pero no se trata solamente de eso. La palabra clave es “miedo”, no “fracaso”. Hay que entender que sufrir un revés es parte de la experiencia del éxito porque permite descubrir lo que no funciona para cambiar de estrategia.

El miedo, por otro lado, nos hace dudar de nuestras capacidades y puede tener impacto en nuestros futuros proyectos, interfiere con la manera en que planeamos, al poner metas que podemos superar fácilmente o totalmente inalcanzables para no arriesgarnos o hacernos responsables. Nos hace evitar proyectos o tareas que son importantes para nuestro negocio.

Para superarlo, o por lo menos controlarlo, es importante escucharnos para saber qué está detrás de esta emoción y de esta manera poder limitar su influencia sobre nuestras ideas y acciones. Este ejercicio de introspección puede ayudarnos a revelar las cosas positivas; por ejemplo, poner nuestra ansiedad bajo la lupa para conocer la fuente de nuestros malestares y poder actuar en consecuencia.

Que quede claro. Evitar que el miedo no controle nuestras decisiones no quiere decir ser imprudente. La cautela es útil si no es un escudo para evitar el cambio. Por ejemplo, puede ayudarte a tener una lectura realista de tu panorama y a tomar decisiones basadas en evidencia.

Ignorar nuestros miedos, en vez de afrontarlos, es darles poder.

 

Aquí puedes leer otras columnas de Patricia Carmona como “¿Existen sesgos de género en tu empresa?” o sobre cómo debe ser una política incluyente en tu empresa.


Negocios Inteligentes es un medio plural que admite puntos de vista diversos. En tal sentido, la opinión expresada en esta columna es responsabilidad sólo del autor.

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