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¿Qué es (y qué no) lo disruptivo?

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23 mayo, 2018

Ya es moda abusar de la palabra “disruptivo”. Antes de que tú caigas en eso, mejor conoce la ciencia alrededor de ese término, de modo que puedas aplicar la teoría en tu negocio. 


En los negocios, “disruptivo” es un término casi nuevo, que suena arriesgado y cool y hasta con un toque futurista. Es una palabra que quieres poner en la descripción de cualquier nuevo negocio que haga ventas por internet porque le da el aura perfecta; es marketing gratis. Pero con sólo apilar adjetivos no se logra un aura.

Lo disruptivo es una teoría científica, y eso implica observación, hipótesis, variables, constantes y muchas cosas más. Así que no solamente se trata de decir que tu nuevo negocio es disruptivo, se trata de ver si los criterios aplican. Si no, no pasa nada; si sí, no significa que serás millonario en seis meses.

Hablamos con Gonzalo Alonso, director general de Cuentas OK, conferencista y primer director de Google México (probablemente sabe más de esto que tú) para que nos ayudara a entender qué no es disruptivo. Y qué sí, obvio.

Lo que SÍ es disruptivo

Ya sea que estemos hablando de negocios o de cualquier otra cosa, lo disruptivo significa que un factor externo se introduce en un sistema para cambiar el statu quo: los procedimientos se transforman; se necesita un nuevo esquema.

Atacar los flancos olvidados. Según la teoría, lo disruptivo se vincula con un producto o servicio que se ofrece a un sector olvidado por las compañías grandes. Para que te des una idea: en Estados Unidos, antes de que llegaran las cintas de VHS y otros formatos parecidos, la única forma de ver pornografía para la gente decente era en cines XXX o en revistas. El formato VHS abrió el camino para que la pornografía fuera consumida en masa desde el hogar. Un cambio radical de forma y magnitud.

Usurpar lo automatizable. Algo que te encanta: el CFDI del SAT. La factura electrónica hizo que en México la pirámide tributaria aumentara de 27 millones de contribuyentes en el RFC a 70 millones en tres años. Usurpó el lugar de la contabilidad tradicional, y con eso obligó a millones de personas a pensar su facturación en un esquema muy diferente.

Surfear la ola de la innovación. Tiene que haber un cambio en el ecosistema entero. Una primera ola de innovación y cambio genera, después de un tiempo, una segunda ola. Es lógico pensar que si lograste alterar el sistema, hay nuevas oportunidades para que productos y servicios disruptores encuentren su lugar. Por ejemplo, ¿sabes qué pasó después del VHS? Las cámaras digitales. Los consumidores empezaron a crear su propio material. La cadena sigue.

Permanecer curioso. De aquí nace todo el cambio. También se necesita un deseo de poner de cabeza el statu quo. Se necesitan dos cosas: tolerancia a la frustración, para que no te rindas si tu idea no da frutos, y talento, mucho talento, porque esto en realidad no es para todos.

Lo que NO es disruptivo

Sueles mirar a compañías como Uber y Airbnb que siempre se llevan los halagos cuando se habla de lo disruptivo, pero su método para generar millones va por otro lado.

Querer ganar mucho dinero, para empezar. Tal vez lo más disruptivo que hagas en toda tu vida te cueste dinero y termine siendo la peor decisión de negocios que tomes. Esto es para que te des cuenta de que la teoría no es un código que pones en el teclado para empezar a nadar en billetes. La idea es que encuentres las oportunidades y distingas si son buenas para ti, no que le grites al mundo que tu deseo más grande es ser disruptivo.

Usar “tecnología de punta”. Sí, de acuerdo, la teoría original habla de tecnologías disruptivas, no de negocios. Pero palabras como “internet de las cosas” no significa que eso posicionará tu producto de tal manera que cambie el statu quo; de hecho, significa que apenas estás llegando al nivel de los que ya van más avanzados.

Llegar a un nivel, sólo para quedarse ahí. Cuando el petróleo empezó a usarse como combustible era lo más novedoso del mundo. Ya no se necesitaban caballos ni esclavos para jalar carretas, ¡pero eso fue hace más de cien años! Están llegando nuevos combustibles que toman en cuenta el ambiente, los ecosistemas, los costos de producción, la facilidad de obtención. Los cambios vienen por olas, recuerda, y si no eres tú el que inicia el cambio, por lo menos no quieres ser el que termina flotando bocabajo.

No te nace ser creativo. Si hay una mentalidad disruptiva, es natural pensar que hay una que es todo lo contrario. Si la gente usa la palabra “apático” para describirte, es probable que no te interese mucho cambiar el estado de las cosas. Ves el espacio, sabes qué falta para llenarlo, pero no te nace hacerlo. Lo disruptivo no es para todos. Y no pasa nada.

*Este artículo se publicó originalmente en la edición impresa de mayo de la revista Negocios Inteligentes.


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23 mayo, 2018
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