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¿Qué paga más durante el COVID-19: la avaricia o la responsabilidad social de las empresas?

19 junio, 2020

La historia demuestra cómo una buena o mala gestión de Responsabilidad Social Empresarial ha llevado a las firmas a la cima o a la catástrofe. En tiempo de pandemia, toma nota si quieres que tu negocio salga bien librado.

El término responsabilidad social empresarial (RSE), en alrededor de un siglo de historia, ha cambiado a la par que su práctica. Lo que empezó como un término filosófico, se convirtió en parte de la administración empresarial. De acuerdo con Gestiopolis, portal especializado en negocios, la llegada de la globalización, el desarrollo de la conciencia ecológica, las mayores exigencias de los usuarios y las nuevas tecnologías fueron algunos de los factores que incentivaron el auge de la RSE. 

Sin embargo, actualmente la RSE vive junto con todo el ecosistema de negocios global, uno de los momentos de cambios más profundos. La actual pandemia por COVID-19 obligó al cierre de las actividades económicas no esenciales. Su impacto será tanto o más permanente que la Gran Depresión de 1929, que provocó el desempleo masivo y una pobreza generalizada, no sólo en Estados Unidos, sino también en Europa y Latinoamérica.

De acuerdo con Forbes México, la caída económica que prevé la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), para el Producto Interno Bruto (PIB)  es de 6%. Pero si hay rebrote de coronavirus podría llegar a 7.6%. México está hoy en la cima de la curva de contagios y muertes y en un profundo descenso económico luego de dos meses de confinamiento. Justamente en este entorno adverso, es que la RSE juega un papel muy importante; a un grado tal que, si las empresas la desdeñan o la posponen, podría comprometer su supervivencia.

La ciencia demuestra que la avaricia no paga bien

De acuerdo con el portal de divulgación científica Phys.org, las organizaciones tienden a considerar la inversión en RSE como una estrategia que si bien dará sus frutos a largo plazo, a corto plazo puede ser costosa. Lo cierto es que una estrategia bien implementada ​​aumenta el compromiso de los interesados ​​con la organización.

Un equipo de científicos de la organización de Amberes y Tilburg publicaron un estudio reciente en el Journal of Management, en el cual entrevistaron a 301 CEO de grandes corporaciones estadounidenses que cotizan en bolsa. La idea era estudiar el grado de avaricia entre los CEO y sus implicaciones en la responsabilidad social empresarial. Este equipo investigó cómo la codicia de los directores y la falta de RSE, afectaron negativamente la resiliencia de estas organizaciones a la crisis financiera global del 2008.

Los investigadores también descubrieron que la avaricia del CEO y la falta de participación de sus accionistas provocaron la vulnerabilidad de sus empresas en épocas disruptivas como la ya mencionada crisis global de 2008. El mayor reflejo de esto es que esas organizaciones no invirtieron en RSE. De hecho, estas empresas de directiva avariciosa en promedio tardaron más en recuperarse de la crisis, al igual que el precio de sus acciones.

En nuestro país, muchas de las empresas se enfocaron desde el principio del cierre en atender a sus colaboradores y a los grupos externos más vulnerables. En algunos casos, el trabajo en casa fue la opción. Sin embargo, aquellos que por sus actividades no eran candidatos a ese esquema, encontraron desde la primera semana filtros sanitarios en la entrada, espacio extra para trabajar con sana distancia, materiales de prevención de contagio, y otras medidas de limpieza y desinfección tomadas por las empresas.

Aún así, en nuestro país no todas la noticias son buenas, pero aún así deben darse, tal y como declaró Edgar López, experto en comunicación de sustentabilidad y responsabilidad corporativa al periódico Milenio: “Los recortes de personal no son lo óptimo, pero sí lo responsable en muchos casos. Antes de hacerlo, la empresa debe anticipar a las audiencias interesadas, ser transparente y justificar la decisión. Eso también es ser responsable”.

En RSE conviene diferenciar entre oportunidad y oportunismo

“Nadie sabe aún cómo va a responder la sociedad ante nuevos retos como la localización o el seguimiento permanente, nuevos brotes de la pandemia, etc. Como siempre, las empresas que mejor lo harán serán las que más rápido se adapten a los cambios de la sociedad y del consumidor”, dijo Xabier Olazabal, CEO de Publicis Communications Spain al portal especializado en RSE Compromiso Empresarial.

Olazabal dice que se debe “diferenciar entre oportunidad y oportunismo. Cada crisis genera oportunidades. Si existe un propósito corporativo bien construido, existe entonces una oportunidad para las organizaciones, pero si no lo tienes, te conviertes en oportunista y lo que haces puede acabar siendo postureo (simulación), de ahí la importancia de  construir sobre el propósito”.

Es de saberse que las empresas tienen en sus manos planes para prevenir cualquier inconveniente que provoque grandes afectaciones dentro de su compañía. Quizás no tengan un plan específico para la pandemia que actualmente vivimos, pero quizás es un buen momento para realizar uno ahora, en dónde se prevean algunos posibles riesgos. Por ejemplo, podrían incluir adquisición de insumos y de tecnología, crear procedimientos precisos, etcétera; aquí la clave del éxito tras un plan así está en la capacidad de respuesta de los líderes y el entrenamiento que tendría el personal.

Ramón Édgar del Castillo Valdivia, consultor de Responsabilidad Social Empresarial declaró a El Economista que “cuando se presentan emergencias como ésta, siempre serán una sorpresa y se requerirán ajustes de último momento, pero si el personal está capacitado y entrenado en la materia, si tienes líderes conscientes y capaces de reaccionar en tiempo, la respuesta garantizará un menor daño a la organización y a sus colaboradores. La responsabilidad social es para todos, no exluye, no discrimina, no elimina, por el contrario, suma”.

El paro de la economía actual en México es una oportunidad para que las empresas vuelvan a replantearse lo bueno y malo que han estado haciendo en materia de RSE, ya que, cuando la pandemia termine, quizás estas corporaciones puedan estar en el ideario de los mexicanos como empresas socialmente responsables.

 

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