Logo de Negocios Inteligentes
Síguenos

¿Qué tan fácil es emprender con la familia?

negocio familiar, negocios inteligentes,
17 mayo, 2018

Nuestra columnista Ollin Islas nos cuenta sobre las mieles (y sufrimientos) de poner un negocio con un familiar. 



Quieres poner un negocio. Decides llevarlo a cabo. Mandas al demonio la oficina. Te das cuenta de que no puedes hacerlo solo. De pronto, la idea llega a tu cabeza: vas a emprender con tu familia. ¿Quién mejor para arriesgarte, vencer los obstáculos y triunfar estrepitosamente? Ya te viste: si lo hacen bien, serán una leyenda. “Dicen que este negocio lo iniciaron dos hermanos que no tenían ni dónde caerse muertos cuando empezaron”, piensas que dirán los comensales en un futuro no muy lejano, cuando la gente descubra tu producto, las filas para comprarlo le den la vuelta a la cuadra y tú te dediques a contar tus millones.

Esa fue la ruta de mi pensamiento cuando se me ocurrió poner un negocio con uno de mis hermanos. ¿Qué podía salir mal? No teníamos trabajo, contábamos con dinero ahorrado, éramos personas trabajadoras, responsables y él tenía experiencia en atención al cliente en negocios de comida y turismo. Además, teníamos algunos rasgos opuestos que (según yo) podían equilibrarlo todo: él era muy optimista, yo no; él era extremadamente sociable, yo era solitaria y desconfiada; él tenía un gusto impecable para la decoración y los detalles, a mí esos temas no podían importarme menos; él era muy desprendido, yo era estúpidamente ahorrativa. ¿Y el carácter? Bueno, los dos éramos explosivos, pero ¿qué no todo el mundo es así?

Entonces, cuando decidimos abrir una pizzería, buscamos local juntos, recorrimos la ciudad, hicimos compras, diseños, nos dividimos tareas. Todo ello fue divertido. Además mi mamá nos acompañó en cada paso y pasamos momentos increíbles. Nuestra emoción crecía y la idea de vivir juntos un camino que podía llevarnos a la liberación financiera y oficinil nos mantenía en un éxtasis perpetuo. Por otro lado, mi hermano es el hombre más divertido del universo, así que llorar de risa todos los días era parte de mi jornada laboral y eso me hacía muy feliz.

Días felices. Mi hermano y yo posando junto a nuestro horno nuevecito.

Pero la cosa empezó a ponerse tensa por la falta de dinero. Ustedes no me conocen, pero cuando los recursos se acaban me transformo en un ser insufrible, indeseable, una chica migraña, una dramática irredenta… pareciera que traigo una nube negra arriba de la cabeza. Y eso fue muy malo porque, bueno, la falta de dinero se volvió una constante en el negocio: la renta del local era muy cara, la inversión en la decoración, el logo y el horno había sido muy alta, mis cuentas resultaron un fiasco y terminamos sin un peso antes de la fatídica inauguración (de la que les conté aquí, en este divertidísimo post). Por lo mismo, unos días antes de abrir, el ambiente se volvió irrespirable. Si me hermano decía A, yo decía B. Si él se reía, yo ponía jeta. Si él quería negro, yo quería blanco. Él buscaba soluciones, yo nada más le daba vuelta a los problemas. Si él consideraba necesario hacer un gasto, yo abría mi libretita de cuentas para decir que no a todo.

Nos empezamos a sacar de quicio el uno al otro y, probablemente, yo más a él que él a mí. La verdad es que me sentía frustrada y atemorizada y lo agarré de punching bag. Parecía que mi meta en la vida era estar en desacuerdo con él y hacer drama por lo gastado. Entonces empezó a enojarse. Comenzó a hablarme golpeado. Nos pasamos largas horas sin dirigirnos la palabra. O peor, uno se manifestaba sobre cualquier tema y el otro hacía una cara más o menos así.  

 

 

M., el tercer hermano, entró a calmar los ánimos. Nos dijo (a cada uno por su lado) que debíamos tolerarnos. A él le decía: “compréndela, pobrecita, se cree la directora de todo, tú dile que sí”. A mí me decía: “compréndelo, pobrecito, se cree el director de todo, tú dile que sí”. A los dos nos repetía que ambos éramos socios y podíamos tener ideas distintas, conflictos grandes, e incluso, llegar a mentarnos la madre. “Pero a tu socio, siempre, SIEMPRE, lo saludas al día siguiente como si nada hubiera pasado”, señalaba.  

Cuando estábamos en el clímax de la tensión, odiándonos cada hora un poco más, llegó el día previo a la inauguración. Estábamos puliendo nuestra pizza vegetariana, teníamos la cortina abierta, estábamos solos e intentábamos dejar listo el local para el día siguiente. Él empezó a necear con que la pizza vegetariana no tenía por qué llevar calabaza, pues el sabor no le aportaba nada. Yo neceaba con que a mí me encantaba la calabaza y quería una pizza que la incluyera. Él me aplicó el roll-eyes ¡y lo vi! Me levanté furiosa de la silla de la barra y le grité que le gustara o no, la mitad de la pizzería era mía y daría mi opinión siempre que me diera la gana. Él me vio directo a los ojos y me gritó la peor ofensa que alguien podía decirme: “tienes un genio insoportable, ¡eres igualita a tu papá!”. Auch. Golpe bajo. Gancho al hígado. Faul. Penal. Patada en salva sea la parte. Nocaut.

 

Me llené de ira. Exploté como volcán. Y lo que siguió fue terrible: lloré, grité, le enlisté sus fracasos, él me enlistó los míos, le menté la madre y él también a mí, nos ofendimos intensamente hasta que, en medio de los gritos (que, por cierto, llamaron la atención de todos los transeúntes), llegó M., que había ido al local a darnos la “patadita” de la buena suerte para nuestra inauguración.

Y, nada, el pleito se detuvo. M. nos dijo que éramos un par de idiotas y que no podía creer que así pensábamos iniciar nuestro negocio. Yo, como acostumbraba, me metí a llorar al baño. Mi hermano se mantuvo en silencio el resto de la tarde. M. se sumergió en su teléfono y luego se fue, muy avergonzado de nosotros. A los cinco minutos llegó más gente y no hablamos más. Tampoco nos despedimos.

Al día siguiente llegamos a la misma hora a la pizzería. Era nuestro primer día, el primer día de un negocio por el que llevábamos seis meses sufriendo. Nos miramos a lo lejos. Nos encontramos en la cortina. Nos dimos un beso, un abrazo… nos saludamos como si nada hubiera pasado. Si así debe ser con tu socio, ¿por qué no aplicarlo con un cómplice de sueños y batallas que siempre fue tu héroe y al que amas sin límites?


Ollin Islas Romo es periodista y editora. Fundó dos asociaciones civiles, una agencia de contenidos, una pizzería y una productora de cine que aún no le dan ni un centavo. Twitter: @mulata

Negocios Inteligentes es un medio plural que admite puntos de vista diversos. En tal sentido, la opinión expresada en esta columna es responsabilidad sólo del autor.

Suscríbete a la Agenda Inteligente (las noticias de negocios más relevantes) y El Fiscoanalista(novedades y jurisprudencias en materia fiscal y laboral).



Recibe GRATIS las noticias relevantes de negocios y empresas

17 mayo, 2018
¿Qué opinas?
Te puede interesar

16 intuiciones sobre creatividad para que desarrolles tu inventiva

becas de amlo afectan al empleo

Las becas de AMLO afectan al empleo formal de abril

significado de colores en las empresas

Significado de los colores en los negocios

wework busca ser dueño de los inmuebles

¿Por qué WeWork busca ser dueña de los inmuebles donde está?