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Ya hay brote en Mongolia. ¿Qué tan probable es que ahora nos ataque la peste negra?

7 julio, 2020

En el siglo XIV, la peste negra mató a entre un tercio y la mitad de la población de Europa y de Medio Oriente. Actualmente se han dado a conocer nuevos brotes. ¿Es posible que se extienda por todo el mundo?

A mediados del siglo XIV, entre 1346 y 1347, estalló la peste negra o peste bubónica. Su letalidad hasta ese momento solo era comparable con la plaga de Justiniano de los siglos VI-VII. Sin embargo, la peste negra fue la mayor epidemia de la historia en Europa, hasta su último brote a principios del siglo XVIII. Pero quizás no sea la última: las autoridades de una ciudad en Mongolia emitieron una alerta el domingo pasado después de que se reportara un caso sospechoso de peste negra, tal como informó CNN.

Actualmente, los casos de este mal se encuentran en cantidades limitadas en gran parte del mundo. En los Estados Unidos por ejemplo, se reportan aproximadamente siete casos en promedio cada año con mayor frecuencia en las zonas rurales de los estados del oeste, de acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC). ¿Acaso estamos en peligro de volver a sufrir la peste bubónica?, acá te despejamos las dudas.

Un bacilo mutante y resistente

Antiguamente hubo quienes imaginaban que la peste podía tener un origen astrológico, o bien geológico, como producto de erupciones volcánicas y movimientos sísmicos. Todos estos hechos se consideraban fenómenos sobrenaturales atribuibles a la cólera divina por los pecados de la humanidad. Fue hasta finales del siglo XIX que dos bacteriólogos, el japonés Kitasato Shibasaburō y el suizo Alexandre Yersin, de forma independiente, descubrieron que el origen se encontraba en una bacteria, a la que se bautizó como Yersinia Pestis. Ésta afectaba a las ratas negras y a otros roedores y se transmitía a través de los parásitos que vivían en esos animales, en especial las pulgas, las cuales inoculaban el bacilo a los humanos con su picadura.

Poco más de 200 años después, investigadores en Canadá publicaron un estudio a través del portal The Lancet Infectious Diseases, en donde compararon los genomas de la plaga de Justiniano con la de la peste negra y descubrieron que las dos fueron causadas por distintas cepas de la bacteria Yersinia Pestis. Actualmente la plaga de Justiniano está extinta y en cambio el patógeno de la peste medieval evolucionó y mutó. En su investigación, los científicos se encontraron en un callejón sin salida al tratar de descubrir por qué una cepa había sobrevivido a diferencia de la otra.

Para el investigador de la Universidad del Norte de Arizona y coautor del estudio, David Wagner, es poco probable que el mundo vea una plaga tan mortal como la de siglos atrás, al menos así se lo dejó claro a la BBC en un artículo de hace 6 años. “Siempre están surgiendo cepas de la peste de reservas de roedores que causan enfermedades a humanos. Pero lo que no vemos son pandemias debido a que ahora la respuesta de salud pública es muy rápida”, había declarado. Quizá la presente pandemia del coronavirus podría desmentirlo.

Otro investigador del estudio, Hendrick Poinar, de la Universidad McMaster de Canadá, parece no estar de acuerdo con Wagner: “Esta enfermedad (la peste bubónica), puede continuar emergiendo y causar terribles epidemias, por lo que uno debe estar constantemente atento a las fuentes”. Además, Poinar señalo que con el tiempo los roedores se han vuelto inmunes a la bacteria Yersinia Pestis, y si a eso le sumamos los frecuentes viajes, se podrían esparcir con rapidez cepas futuras.

¿La tragedia de la peste puede repetirse?

En 2014, y a través de la BBC, Helen Donogue de la University College London, consideraba que era poco probable que la peste pudiera resurgir tal y como sucedió años atrás: “Los humanos son sólo huéspedes accidentales para este organismo. Son los roedores y los animales que se alimentan de ellos (como las pulgas) los que son vulnerables. Es sólo cuando las pulgas están hambrientas o cuando se quedan sin ratas ni roedores que las pulgas buscan huéspedes alternativos”.

A mitad de este año, un caso de peste fue descubierto en la ciudad china de Bayannur, ubicada al noroeste de Beijing, en la provincia de Mongolia interior (que limita al norte con el país mongol). Ante ello, las autoridades emitieron una advertencia de Nivel 3 en toda la metrópoli para la prevención de plagas. La advertencia permanecerá en vigencia hasta fin de año, de acuerdo con la agencia estatal de noticias Xinhua. “En la actualidad, existe el riesgo de que se propague una epidemia de peste humana en esta ciudad. La gente debe aumentar su conciencia y capacidad de autoprotección, y reportar condiciones de salud anormales de inmediato”, dijeron las autoridades a través de China Daily.

De acuerdo con datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), al no existir tratamiento, la peste bubónica tiene una tasa letal de entre 30% a 60%, mientras que la neumónica resulta siempre mortal. Sin embargo, las tasas de curación son altas si la enfermedad se detecta y se trata dentro de las 24 horas posteriores a la aparición de los síntomas, como enfermedad febril aguda además de otros síntomas como fiebre súbita, escalofríos, dolor de cabeza y dolores generalizados; debilidad, náuseas y vómitos.

¿En dónde se encuentra la peste? Como la enfermedad yace en los animales, la peste está presente en todos los continentes, excepto Oceanía, según la OMS, así que hay riesgo de peste humana en todo lugar en que la población humana coexista con la presencia de focos naturales de peste. Aunque ha habido epidemias en África, Asia y Sudamérica, desde la década de 1990, la mayoría de los casos humanos se han concentrado en África.

Hace seis años, Hendrick Poinar señalaba que si se ahondaba en el ADN de la bacteria Yersinia Pestis, quizás los investigadores pudieran entender la evolución y la resistencia de la peste bubónica frente a la plaga de Justiniano, además de encontrar un mejor tratamiento para esta enfermedad. Actualmente la idea de Poinar hace eco cada vez con más fuerza.

 

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7 julio, 2020
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